No todos los restaurantes necesitan llamar la atención para conquistar a quienes los visitan. Algunos prefieren que sea su cocina, su entorno y el boca a boca quienes hablen por ellos. La Sencillita es uno de esos lugares que se descubren sin prisa y que, una vez conocidos, se convierten en una recomendación casi obligatoria.
Ubicado sobre la playa de S’Arenal Petit, en San Juan, este restaurante cuenta con unas vistas privilegiadas al Mediterráneo. Desde su terraza, el mar se convierte en el mejor acompañante de una comida que invita a alargar la sobremesa. Aquí todo gira en torno a un concepto muy claro: unir dos formas de entender la gastronomía bajo un mismo techo. De ahí que su lema sea “corazón del norte, alma del sur”.
La carta refleja esa personalidad desde el primer vistazo. Las gildas son uno de sus grandes imprescindibles y las encontrarás en distintas versiones, desde la clásica de anchoa hasta las de boquerón o queso. A partir de ahí, solo queda dejarse llevar entre platos pensados para compartir: un revuelto de salmón y langostinos, croquetas caseras, tacos, un canelón de carrillera de ternera, pimientos rellenos o unas deliciosas alitas de pollo.
Cuando el calor aprieta, también hay espacio para opciones más ligeras, como el tartar de atún, el steak tartar, el salmorejo o varias ensaladas frescas. Y si eres de los que no perdonan una buena fritura, aquí encontrarás desde cazón en adobo hasta pescadito frito, anillas de calamar o gallo San Pedro. Como carnes, el secreto de Angus o el costillar cocinado a baja temperatura son dos platos que difícilmente decepcionan.
La experiencia se completa con una selección de vinos blancos, tintos y rosados para acompañar cualquier elección. Aunque si visitas La Sencillita en verano, hay una recomendación que se repite entre quienes ya la conocen: su sangría de cava.
Y después llega el momento más difícil: elegir postre. Si las tartas de queso son tu debilidad, aquí vas a tener un pequeño problema, porque cuesta decidirse entre la de queso manchego, la de pistacho o la de queso con chocolate blanco; todas son caseras.
Pero si hay algo que hace diferente a La Sencillita es que la experiencia no termina cuando dejas el tenedor. El restaurante cuenta con una piscina abierta para todos sus clientes, así que aquí es perfectamente posible alternar un baño con el aperitivo, volver a la mesa para comer y terminar el día disfrutando del sol y las vistas.
Al caer la tarde, el ambiente cambia por completo. Durante los meses de verano, la música en directo toma el relevo. Los jueves suenan versiones de pop-rock español en un formato más tranquilo, mientras que los sábados y domingos la rumba y el flamenco llenan el restaurante de un gran ambiente.
Antes de irte, merece la pena echar un vistazo a su pequeño espacio de tienda, donde encontrarás sudaderas, gorras, neceseres y otros artículos con el sello de La Sencillita.
Si buscas un lugar para celebrar una ocasión especial debes saber que organizan bodas, cumpleaños, aniversarios y todo tipo de eventos, adaptándose a lo que necesites.
La Sencillita es ese rincón donde el mar siempre está presente, la cocina invita a compartir, la música anima las tardes y el ambiente hace que el tiempo pase un poco más despacio.
De esos sitios que descubres una vez y que, cuando alguien te pregunta dónde comer en el norte de Ibiza, te vienen a la cabeza casi sin pensarlo.